lunes, 11 de mayo de 2015

La impunidad no es de orden legal, es un problema político





          La CICIG sacó a luz una banda de delincuentes que desde la cúpula del Organismo Ejecutivo robaba en aduanas. La vicepresidente, aparentemente conocida en el mundo del hampa como la dos, terminó renunciando y con ello perdió su inmunidad. Pero no ha perdido la impunidad. El sistema político construido a partir de lo que se ha dado en llamar la “transición democrática”, que lleva ya 30 años, se hizo para que nada cambiara; con un sistema judicial que pareciera tener como objetivo central garantizar que los crímenes cometido durante la guerra no sean juzgados, ni los criminales condenados. Y de ahí deriva la impunidad general.

          La impunidad de que gozan los delincuentes disfrazados de políticos es de tal magnitud que luego de su captura no tienen ningún empacho en seguir usando los aparatos celulares que los delataron ante la investigación de la CICIG. Es una impunidad tan bien aceitada que formalmente permite que una jueza pueda resolver sobre sí misma en un proceso de antejuicio. Tan completa y bien amarrada que el ministro de Gobernación que le cedió el control de las cárceles a un presidiario sigue tan campante, como florecita en primavera. Y que conste: hay procesos judiciales en curso.

          La inmunidad de que gozan algunos cargos públicos para evitar la obstaculización de la gestión pública por cualquier hijo de vecino se ha convertido en una capa protectora para quienes en el ejercicio de sus funciones delincan. Quitar esa inmunidad no es cosa fácil, pero ha sido posible.

          Pero, ¿cómo acabar con la impunidad? Desde mi perspectiva, el fin de la impunidad se encuentra en que los ciudadanos que nos atrevemos a pensar, que hemos perdido el miedo a hablar y movilizarnos en las calles, continuemos de manera firme exigiendo justicia, denunciando a los políticos y jueces corruptos, y al mismo tiempo construyendo propuestas. Propuestas que implican ideas de cómo transformar el sistema político y organización capaz de empujar hacia adelante esas ideas.

          En síntesis: el fin de la impunidad se encuentra en una transformación del sistema y ello solo es posible si construimos propuestas políticas que nos permitan dignificar la política y expulsar de ella a los delincuentes.

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